Sin reponernos todavía del impacto emocional causado por la visualización del nuevo spot de Loewe protagonizado por hijos de famosos de tercera división, nos encontramos por casualidad con la deliciosa entrevista concedida por el molt honorable expresident de la Generalitat Valenciana a la revista Telva. De una marca rancia a otra y tiro por que me toca. A raíz de ello, nos comentaba un caracol de mar que, si Francisco Enrique Camps decidiese finalmente presentarse a las elecciones, a las autonómicas, a las nacionales o a las de Estados Unidos, a las elecciones que quisiera, habría que votarlo. Y no podemos estar más de acuerdo: este hombrecillo se ha ganado nuestro pequeño corazón marino. Es más, creemos fehacientemente que debería independizarse del Partido Popular para formar un partido propio, uno de esos partidos políticos que, como aquel del añorado Jesús Gil o el actual de Álvarez Cascos, se denominase como él, algo así como Coalición de Amigos del Mamoneo Perpetuo y Salvaje, se nos ocurre a botepronto. Y es que, en un país como el nuestro donde parece que, cuanto más demencial es un gobierno autonómico, más fidelidad se le profesa, véanse los casos de Andalucía o la Comunidad Valenciana por poner uno de cada lado; en un país como este, decíamos, donde se premia el comportamiento psicopático en el poder con más y más relecciones, el expresident podría llegar hasta donde se lo propusiera. Por eso, desde aquí afirmamos que tiene nuestro voto conquistado. Para lo que desee emplearlo.
En otro orden de cosas, y declarada de antemano y sin ningún atisbo de ironía nuestra fidelidad para con este hombre allá donde encamine su carrera política, nos surge la duda de qué es lo que pasa por la cabeza de esta gente. De Francisco Enrique y de los loewes. No es una duda sino una inquietud existencial. Porque no nos referimos a qué pasa por sus cabezas en ese sentido simbólico referente a qué planes personales o profesionales albergan Francisco Enrique y los loewes para el futuro, no se trata de eso, a los monos nos intriga pensar en qué pasará por sus cabezas. A secas. Lo que sea que pase. Daríamos tres o cuatro tentáculos por saberlo. Qué pasará por la cabeza de esta gente cada día, tras levantarse, o antes de acostarse. Qué pasará por sus cabezas en el momento preciso de soltar perlas del calibre de “Ahora me doy cuenta de que estoy más preparado que nunca para ser presidente de la Generalitat Valenciana o del Gobierno” o “la palabra Loewe la asoció yo a love”. Qué pasará por sus cabezas antes, mientras y después de que sus bocas pronuncien cosas como “Me bajo del avión, me pinto, me visto y ¡pumba! ya estoy” o “Empecé ordenando el tráfico y terminé dirigiendo todo el escenario, que es lo bonito, lo que a mí me gusta. Es que al final mi bagaje es impresionante”. Lo cierto es que a estas alturas de la semana ya no recordamos qué sentencias le correspondes a Telva y cuáles a Loewe.
[columna publicada en el diario Levante el 28/03/2012]