miércoles, 28 de marzo de 2012

LA SEMANA DE LA MODA

Sin reponernos todavía del impacto emocional causado por la visualización del nuevo spot de Loewe protagonizado por hijos de famosos de tercera división, nos encontramos por casualidad con la deliciosa entrevista concedida por el molt honorable expresident de la Generalitat Valenciana a la revista Telva. De una marca rancia a otra y tiro por que me toca. A raíz de ello, nos comentaba un caracol de mar que, si Francisco Enrique Camps decidiese finalmente presentarse a las elecciones, a las autonómicas, a las nacionales o a las de Estados Unidos, a las elecciones que quisiera, habría que votarlo. Y no podemos estar más de acuerdo: este hombrecillo se ha ganado nuestro pequeño corazón marino. Es más, creemos fehacientemente que debería independizarse del Partido Popular para formar un partido propio, uno de esos partidos políticos que, como aquel del añorado Jesús Gil o el actual de Álvarez Cascos, se denominase como él, algo así como Coalición de Amigos del Mamoneo Perpetuo y Salvaje, se nos ocurre a botepronto. Y es que, en un país como el nuestro donde parece que, cuanto más demencial es un gobierno autonómico, más fidelidad se le profesa, véanse los casos de Andalucía o la Comunidad Valenciana por poner uno de cada lado; en un país como este, decíamos, donde se premia el comportamiento psicopático en el poder con más y más relecciones, el expresident podría llegar hasta donde se lo propusiera. Por eso, desde aquí afirmamos que tiene nuestro voto conquistado. Para lo que desee emplearlo.

En otro orden de cosas, y declarada de antemano y sin ningún atisbo de ironía nuestra fidelidad para con este hombre allá donde encamine su carrera política, nos surge la duda de qué es lo que pasa por la cabeza de esta gente. De Francisco Enrique y de los loewes. No es una duda sino una inquietud existencial. Porque no nos referimos a qué pasa por sus cabezas en ese sentido simbólico referente a qué planes personales o profesionales albergan Francisco Enrique y los loewes para el futuro, no se trata de eso, a los monos nos intriga pensar en qué pasará por sus cabezas. A secas. Lo que sea que pase. Daríamos tres o cuatro tentáculos por saberlo. Qué pasará por la cabeza de esta gente cada día, tras levantarse, o antes de acostarse. Qué pasará por sus cabezas en el momento preciso de soltar perlas del calibre de “Ahora me doy cuenta de que estoy más preparado que nunca para ser presidente de la Generalitat Valenciana o del Gobierno” o “la palabra Loewe la asoció yo a love”. Qué pasará por sus cabezas antes, mientras y después de que sus bocas pronuncien cosas como “Me bajo del avión, me pinto, me visto y ¡pumba! ya estoy” o “Empecé ordenando el tráfico y terminé dirigiendo todo el escenario, que es lo bonito, lo que a mí me gusta. Es que al final mi bagaje es impresionante”. Lo cierto es que a estas alturas de la semana ya no recordamos qué sentencias le correspondes a Telva y cuáles a Loewe.


[columna publicada en el diario Levante el 28/03/2012]




miércoles, 21 de marzo de 2012

RESCATE

Mucho se habla de la perversión lingüística últimamente, que si “desaceleración” en lugar de “crisis”, que si “copago” en lugar de “repago”, que si “democracia” en lugar de “estafa”. Pero otra palabra es violentada aún más en los medios: rescate. ¿Qué entendemos por un “rescate”?

Si los monos tuviésemos que poner un ejemplo de “rescate”, aludiríamos a la obra maestra del séptimo arte Commando (1985), donde el excoronel de las Fuerzas Especiales John Matrix interpretado por Arnold Schwarzenegger debe “rescatar” a su hija Jenny, quien ha sido secuestrada por otro ex soldado, Bennet, un psicópata fondón con bigote y un inexplicable suéter de rejilla que lo convierten, quizá, en el villano más involuntariamente gayer de la historia del cine de acción. Bennet pretende chantajear a Matrix y obligarle a cometer un asesinato en un remoto país pero desconoce la magnitud del error cometido al secuestrar a la hija del futuro gobernador de California, pues éste no dudará en saltar de un helicóptero en marcha, secuestrar a una azafata, atracar una armería, volar un furgón policial, robar un hidroavión, aterrizar en la isla donde retienen a su hija, cargarse a unos 150 esbirros aproximadamente, 138 de los cuales en una impagable secuencia de 4 minutos, sobrevivir a un disparo de Bennet y cargárselo finalmente en un duelo a cuchillo. Después, cuando los militares toman la isla y descifran lo sucedido y le ofrecen comandar de nuevo un escuadrón de Fuerzas Especiales, John Matrix los mira con desprecio y se larga de allí con su hija mientras los títulos de crédito ascienden sobre la puesta de sol y una banda sonora de sintetizadores. Esto es, a groso modo, lo que los monos entendemos por un rescate en condiciones.

Ahora imaginemos esta misma película si empleásemos el término “rescate” del mismo modo en que Europa lo emplea con la situación griega: John Matrix sería Europa, Jenny sería Grecia y Bennet sería eso que llamamos los mercados o los bancos o los inversores, qué más da. Resulta que Bennet y Matrix han seguido en contacto tras retirarse de las Fuerzas Especiales, tanto es así que a Matrix, ocupado como está en fumar marihuana y jugar a la PlayStation todo el día, no le importa en absoluto que Bennet engatuse a su hija menor de edad y la introduzca en su depravado submundo de vicios inconfesables y deudas impagables. Entonces Bennet le comunica a Matrix que Jenny le debe una enorme cantidad de dinero, y amenaza con estrangularla si éste no se hace cargo de la deuda de su hija. Pero Matrix, a quien ni siquiera se le ocurre aprovechar su formación militar para acceder a la tienda de campaña donde un par de jubilados con artrosis retienen a Jenny, responde que él abonará esa gran cantidad de dinero siempre y cuando su hija se comprometa a devolvérselo con intereses durante los próximos años. Y además, en lugar de dejar a Jenny en libertad, Matrix opina que lo más favorable para la estabilidad familiar sería dejarla una temporada a cargo de uno de los esbirros de Bennet, un peligroso pederasta recién salido de prisión. “Pues estas son mis condiciones para el rescate, Bennet, díselo a mi hija. Y si no las acepta, puedes quedártela”, concluiría John Matrix ante un atónito Bennet en esta versión europea de Commando. ¿A qué John Matrix prefieren ustedes?


[columna publicada el 20/03/2012 en el diario Levante]




miércoles, 14 de marzo de 2012

LA REFORMA EN UN RETRETE

El sábado los monos acudimos a la magdalena. Nos despertamos prontito y al cabo del rato estábamos sentados alrededor de una mesa repleta de animales muertos y cocinados de los que dispusimos con gusto. A medio día nos dirigimos hacia un espacio abierto abarrotado de gente bebiendo vino barato y cuando nos echaron de allí fuimos a un lugar cerrado y oscuro donde las personas ponían caras extrañas y bailaban espasmódicamente. Pero lo más curioso de la noche sucedió cuando entramos en uno de esos retretes portátiles que abundan en las fiestas populares y nos dimos cuenta de que ya estaba ocupado por tres hombres elegantemente trajeados. Pero no importa, pasad, dijeron, y así fue que accedimos al interior del habitáculo. Por dentro el retrete era inmensamente espacioso, unos doscientos metros cuadrados, jamás lo hubiéramos dicho por su aspecto exterior. Allí cabíamos de sobra todos los monos y aquellos tres hombres trajeados. Los tres hombres nos dijeron que eran empresarios. ¿Qué tipo de empresarios?, inquirimos. Pues empresarios genéricos, pertenecemos a la marca blanca de empresarios, nos contestaron, y sentaos, continuaron, estábamos los tres escuchando la música de chumba-chumba y hablando de la reforma laboral y quisiéramos saber qué opináis los monos al respecto. Nosotros, intimidados y ebrios a partes iguales, les dijimos que sí, que eso de la reforma laboral estaba genial porque ayudaría a empresarios como vosotros mismos, a empresarios trajeados escondidos en retretes químicos, os ayudaría a contratar a personas, ¿no es así? La música sonaba atronadoramente en el exterior del retrete y uno de los hombres con traje se nos quedó mirando y dijo: ¿y el truco? Nosotros: ¿Qué truco? Él: El truco de la reforma, coño. Nosotros: Ni idea. Él: Os lo contaré porque los borrachos y los niños no mienten y yo voy absolutamente borracho. El truco radica en que la reforma sólo habla de trabajadores y no de empresarios y para que todas estas medidas incentivasen la contratación tal y como se os vende, monos, habría que incluirnos a nosotros los empresarios en la reforma, porque también participamos del mismo juego y necesitamos reglas y nadie se acuerda de eso, nos dejan hacer lo que nos da la gana y resulta hasta aburrido. Éste de aquí, dijo señalando al trajeado a su derecha, éste, además de ser un sibarita de la música electrónica, acaba de despedir a un chaval a los 11 meses y ha contratado a otro para ocupar el mismo puesto, lo ha hecho porque le sale más barato así y no sé, quizá habría que penalizar su comportamiento. Y este otro, dijo señalando al trajeado a su izquierda, éste es más bien un fiesteraco de batalla, mira, ya no le quedan suelas, y va por su sexto expediente de regulación de empleo y entonces, digo yo, si eres tan inútil dirigiendo una empresa que necesitas tantas suspensiones de pago y tantos EREs, igual alguien tendría que impedirte ejercer. Y yo mismo, si supierais lo que yo he llegado a hacer… Y entonces se puso a reír como un loco y los otros dos hombres trajeados lo sacaron de allí a rastras, nos dejaron un par de tiques de cubata para que nos olvidásemos del asunto y se esfumaron. Al abrir la puerta del retrete ya no estaban, sólo se oían las carcajadas de aquel hombre trajeado, carcajadas que a día de hoy seguimos escuchando en el interior de nuestras cabezas.


[columna publicada el 13/03/2012 en el diario Levante]




miércoles, 7 de marzo de 2012

EL DESPOLITIZADOR QUE LO DESPOLITICE BUEN DESPOLITIZADOR SERÁ

Hecho uno: en un comunicado reciente, la asociación de falleras mayores de Valencia se ha quejado de que la gente se manifiesta en su presencia lanzando “lemas o consignas de orden político que nada tienen que ver con lo que ellas representan”. Hecho dos: un par de semanas atrás, los alumnos de la Universitat Jaume I se engalanaban, como cada año, con sus mejores gorros de paja y acudían en tropel a atiborrarse de paella y bebidas espirituosas mezcladas en botellas de plástico. Cuentan que se produjeron altercados cuando algunos estudiantes trataron de desplegar pancartas reivindicativas sobre el escenario y otras acciones por el estilo. Al día siguiente, también se celebraba desde uno de los colectivos de estudiantes mayoritarios y desde cierta prensa afín “la no politización de la fiesta”. Hecho tres: los sindicatos convocan una manifestación el 11M y la derecha mediática se les echa encima por “falta de sensibilidad” y por “utilizar a las víctimas en su estrategia de oposición”.

Lo de las falleras es un hecho notable pero previsible, e incluso respetable. Quizá, cuando dicen eso de que escuchan consignas de orden político que nada tienen que ver con lo que ellas representan, cabría preguntarles a esas pobres chicas qué es lo que ellas creen que están representando. Lo de la universidad, en cambio, fue bastante más sorprendente. Estamos hablando, y es necesario recordarlo, de la misma semana en la que, a unos pocos quilómetros, la policía le calentaba las ancas a los alumnos del Instituto Lluís Vives que se manifestaban en contra de los recortes y por una educación de calidad. Por eso no comprendemos cómo se puede celebrar, en similares circunstancias, la no politización de una reunión de diez mil universitarios. Cuando, insistimos, había chavales menores de edad partiéndose la cara literalmente por la educación pública aquí al lado. Y lo de la manifestación del 11M es, sencillamente, una falta de respeto a las víctimas pero por parte de quienes critican la convocatoria, pues la mayoría de esas víctimas se dirigían a sus puestos de trabajo en transporte público, por lo que no hay que ser muy listo para deducir que gran parte de ellas estaría manifestándose ese día.

Es innegable que existe una corriente que demoniza la politización de cualquier cosa, una corriente preocupada porque se acaban el pan y los toros y una corriente tramposa, y es que no hay mayor y más perversa politización que la despolitización, pues despolitizar implica asumir que esta crisis no tiene culpables. Los monos creemos firmemente que la primavera sólo florecerá si antes politizamos nuestras vidas, si entendemos todo lo que ocurre a nuestro alrededor en clave política, por eso desde aquí os animamos a politizar todo lo que hagáis, politizad allá donde acudáis, politizad las bodas de vuestros amigos, politizad las charlas con vuestros hijos, con vuestras suegras, politizad las reuniones de trabajo, politizad el cumpleaños de esa prima lejana, politizad vuestros tres primeros gin-tonics, politizad la segunda temporada de Juego de Tronos, politizad la lista de la compra, politizad el sexo, politizadlo todo y a ver qué pasa.

[columna publicada el 07/03/2012 en el diario Levante]