Hace
casi una década los monos realizamos un cortometraje, El próximo lunes, del que podría decirse que fue tan sobrevalorado por
sus autores como infravalorado por el resto del mundo, conformando una reacción
bastante equilibrada. Era una historia de periodistas drogadictos, accidentes
de coche, generadores eléctricos robados, viajes en el tiempo, música de
Hombres G y científicos locos. Todo muy intelectual y sosegado, como pueden
ver. Uno de aquellos científicos locos, de hecho el científico loco más
importante del cortometraje pues se trata del científico loco que acababa de
inventar una droga que permitía viajar en el tiempo aunque fuera sólo un
poquito y se la presentaba al resto de científicos locos en un congreso sobre
viajes espaciotemporales, aquel científico loco, decíamos, estaba interpretado
por el cantautor Javier Krahe. Hoy en día, Javier Krahe está de actualidad
porque la Justicia Española, esa cosa, va a juzgarle por un cortometraje
satírico que rodó de forma amateur 40 años atrás y en el que un joven Krahe
explicaba “como cocinar un Cristo al horno”.
Hay
voces que ya apuntan a la Justicia Española como la gran culpable de que
estemos como estemos y no vamos a ser los monos quienes contradigamos tal
afirmación, pues si existe un ente que debiera haber monitorizado el
comportamiento de políticos, banqueros y demás pillastres, ese es,
precisamente, el poder judicial y lo cierto, y a la vista está, es que no lo ha
hecho demasiado bien. Pero no pretendemos criticar el comportamiento judicial
sino proponer mejoras. Y una de estas mejoras, enfocada al adelgazamiento de
colas y aligeramiento de procesos y costes judiciales, sería crear algo así
como el Tribunal de Gilipolleces. Un Tribunal de Gilipolleces donde se juzgarían
todas aquellas denuncias que un juez pueda, en base a las leyes, admitir a
trámite (todo el mundo tiene derecho a
poner una denuncia, por muy gilipollas que sea ésta) pero que, por su
propia naturaleza, esas denuncias puedan clasificarse dentro de la categoría jurídica
de Gilipollez. Así, el Tribunal de Gilipolleces se encargaría de la denuncia a
nuestro científico loco, de todas las denuncias que se ponen entre ellos los
periodistas del corazón y los concursantes de Gran Hermano o de las denuncias
de asociaciones fascistas, dementes o simplemente gilipollas. El objetivo de
esta reforma judicial sería reducir el mal uso de la justicia al tiempo que se
sigue garantizando ese uso para todo, aunque separando el grano de la paja. De
este modo se evitaría, por ejemplo, que a cualquier hombre de bien le toque
esperar dos años para que sea tramitada su denuncia sobre un despido
improcedente o una agresión a manos de un portero de discoteca, y que ese
retraso sea debido a que delante de él van tres denuncias de Paquirrín y dos de
la Falange Española. Seamos serios. Además, las sentencias del Tribunal de
Gilipolleces serían sentencias gilipollas, en consonancia con las denuncias,
del estilo de “escribirá en la pizarra cien veces no llamaré cornuda a Belén
Esteban” o “la próxima vez que cocine un ídolo religioso, de la religión que
sea, lo cocinará a la plancha y macerado con chimichurri”.
[columna publicada el 06/06/2012 en el diario Levante]
6 comentarios:
Hola amigo
Pude ver el corto, inmejorable trabajo
Que artistazo!
Suerte Javier
al ministro no habría que tocarlo, gallardón puede ocuparse con total solvencia del nuevo departamento. carlos dívar también nos vale. y la forma de escoger a los miembros del tribunal supremo también cuadraría... igual al final lo que hay que buscar es gente para el otro departamento, el serio.
Por candidatos no será,... hay la gana
Los del serio, ya más desahogados de gilipolleces, que se tomen unas vacaciones
total, como aquí de serio no ocurre nada, igual nos sale hasta barato
señores monos. javier krahe ha sido absuelto. ¿por qué no hablan ustedes, en su próxima columna, en favor del exilio de don mariano rajoy a mogadiscio, a ver si también se cumple?
y la buena gente de mogadiscio, ¿qué hará con ese registrador de la propiedad?
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