Se
nos cae la baba sólo de verlo. Tan nervioso. Tan impaciente. Y tan tímido como
es nuestro Mariano. Porque resulta, igual ustedes no lo saben todavía, que
Mariano ha quedado. Sí, con sus nuevos amigos. Sí, lo han invitado a un cumple.
Sí, en casa de Mario. Y sí, van a ir también Ángela y François. Sí, los dos.
Sí, al mismo cumple al que han invitado a Mariano. Sí, van a ir los más populares
de la clase y Mariano también. Sí, y además Mariano ya ha dado un paseo con Ángela
en un barco, sí, en un barco, e iban los dos mirando las cosas que había afuera
del barco y no las de dentro, y, sí, se lo pasaron teta piruleta. Toma, toma,
pastillas de goma (y aquí es donde debería ir un gesto como sacando la lengua y
moviendo la cabeza y echando el culo para atrás y haciendo la trompetilla con
la mano en la nariz y en realidad estas líneas habría que leerlas entonando esa
cancioncilla que entonan los niños cuando quieren dar rabia a otro niño e
incluso con alguna que otra pedorreta aunque, bueno, los monos tenemos que ir
cerrando ya este paréntesis abierto pues nos estamos desviando del tema
principal, que por supuesto no es la entonación con la que ustedes deben
leernos sino la invitación de Mariano y, en fin, eso).
Porque
al principio no le habían invitado y Mariano cogió una llorera de las buenas,
lo tenían que haber visto, estaba cabizbajo e inconsolable y sólo quería volver
a casa pero, tras hacerse la foto de familia de la OTAN, Mario lo ha cogido del
brazo y lo ha apartado a un lado y le ha entregado la invitación (que no estaba
mecanografiada como las demás sino garabateada en boli sobre una servilleta y
decía “Estás invitado, Mariajo”, pero estos son detalles insignificantes) y
entonces a Mariano se le ha descolgado un moco de la ilusión y ha besado la
servilleta arrugada y se la ha guardado en el bolsillo especial de su pantalón
que tiene cosido por dentro para que no se le caigan las cosas.
Ya
metiéndonos en faena, habrá que acudir elegantes, no olvidemos que Mario es
italiano y allí van todos como un pincel. Querremos dar buena impresión porque
en el cumple, además de comer bocatas de mortadela con aceitunas y mezclar
fanta con cocacola, van a tratarse asuntos importantes. Asuntos a los que
Mariano debería estar muy atento cuando se pongan encima de la mesa y no
pasarse la tarde jugando a la Wii de Mario. Y, por último pero no menos
importante, alguien debería hacer llegar a Moncloa una copia de aquella
película francesa, La cena de los idiotas,
sólo por si acaso, para prevenirlo y que salga pitando de allí si empiezan a
preguntarle por sus hobbies o lo sientan junto a otros señores que no conoce y
que también están muy contentos de acudir al cumple.
[columna publicada el 23/05/2012 en el diario Levante]
2 comentarios:
François Pignon, presidente de la República de España, ¡sí señor!
ya está gallardón, que le tiene un aire
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