miércoles, 18 de abril de 2012

FRENESÍ

A finales del siglo pasado los monos nos enganchamos una temporada al videojuego de rol Vampire: The Masquerade, donde te unías un clan vampírico a elegir para correrte unas aventurillas por el Mundo de las Tinieblas. Encarnar uno de aquellos vampiros, además de proporcionarte innegables ventajas como inmortalidad, sex appeal o un tremendo poderío físico, conllevaba ciertos inconvenientes como dormir en un ataúd o no poder tomar el sol. Otro de los temas a considerar por los vampiros era controlar el frenesí, una especie de estallido emocional que solía desembocar en una espiral de violencia primitiva y colérica. Este problema solía tener su origen en la ira, la frustración, la tentación o la sed (de sangre)… y por ello los vampiros debían ser muy disciplinados para no verse envueltos en situaciones que les provocasen el citado frenesí y les llevasen a cometer actos que desvelasen su verdadera naturaleza a los humanos, algo que, al parecer, ningún vampiro desea. De lo contrario, si sucumbían, el descontrol dominaba su sangre y empezaban a hacer cosas como degollar doncellas vírgenes, beber sangre de perro, colarse en pubs de música gótica o enrollarse con hombres lobo.

Viene esto a colación por los últimos sucesos protagonizados por miembros de la Familia Real, pues cabría preguntarse, en base a su extraño comportamiento, si a esa sangre no le pasará nada raro, si ese líquido azul no estará hirviendo por las arterias Reales y modificando su conducta. Cabría preguntarse si esas inexplicables manifestaciones violentas, de toda clase imaginable, balística, fiscal o social, no son únicamente desvaríos de aristócratas ociosos sino que son el síntoma de un frenesí que los posee y les impele a cometer, a su pesar, tales atrocidades. Comprendemos que el tema genere tanta indignación como cachondeo, y quizá sea merecido, pero quizá, también, se esté cociendo algo terrible mientras nos quejamos o frivolizamos. Al fin y al cabo, su linaje sanguíneo se escindió de la plebe allá por la Edad Media por lo que casi pueden ser considerados un clan o una raza aparte, una raza que podemos suponer similar a la nuestra pero de la que poco o nada sabemos. Pisamos, científicamente hablando, terreno inexplorado y las consecuencias son impredecibles. Nadie quisiera ver, y en esto sí que estaremos todos de acuerdo, como esta gente sucumbe definitivamente al frenesí y empieza a autolesionarse o a dispararse entre ellos o a deambular dándose cabezazos contra las paredes o metiendo los dedos en cada enchufe de la Zarzuela. Por eso debería investigarse el asunto. Controlarse. Hacer tests de laboratorio con ratones endogámicos. Y hallar un remedio. Conste en acta que este texto no pretende ser irónico ni metafórico ni republicano, nada de eso, hay una sincera preocupación por la salud del sistema circulatorio borbónico. Hablamos de una raza que tenía sentido en un mundo donde disparar armas o blandir espadas era mucho más normal que hoy. Tal vez a la estirpe, una vez concluida su misión y agotado su discurso, no le quede más remedio que autodestruirse como hizo el T-800 en la emotiva escena final de Terminator 2: Judgement Day, cuando le pide a Sarah que lo introduzca en la cuba de fundición porque su existencia ya no es necesaria. Un acto, pues, que no puede denominarse sino como heroico.


[columna publicada el 17/04/2012 en el diario Levante]



video

3 comentarios:

Asesino Cosmico dijo...

http://youtu.be/zzzRVn7yAys

a veces es tan tierno...

Doctor Dédalo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=L2dzqBovwKs

Asesino Cosmico dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=oAGjjvIQjiM