Los
niños pequeños creen, a menudo con razón, que los adultos no conceden la debida
importancia a sus cosas. Para ellos, los asuntos que trata la gente mayor son
un verdadero coñazo, son incapaces de entender la gravedad de esos asuntos. Cualquier
niño considera mucho más importante ver por enésima vez el mismo capítulo de
Bob Esponja que cuidar de su higiene personal o su nutrición básica. No
entienden por qué hay que llegar a hora a la escuela cada día de la semana o
lavarse las manos después de meterlas en algún lugar especialmente infecto. Claro
que los adultos disponen de un argumento irrebatible para que entren en razón y
hagan ese tipo de cosas que, pese a no gustarles, son necesarias para su
educación. Ese argumento es, lo supondrán, el tamaño. No hay otro. Sólo hay que
imaginar por un momento que el ser humano se hubiese desarrollado de otro modo,
es decir, que durante la infancia tuviésemos más fuerza bruta que en la edad
adulta, que los niños pudiesen físicamente con sus padres; entonces la sociedad
sería, piénsenlo, muy distinta a la que conocemos. Pero conforme son las cosas,
los adultos pueden mandar callar a los niños amenazándoles con castigos o
encerrándolos en su cuarto para, acto seguido, sacar el coñac bueno del mueble
bar y llenar las copas de esos amigos con los que tienen importantes asuntos
que tratar. Asuntos importantes de verdad. Asuntos de gente mayor. Cuando
crezcan, esos niños entenderán que todo fue por su propio bien.
Como
niños castigados en su habitación mientras los adultos beben coñac y tratan
incomprensibles asuntos de adultos, de esa manera nos sentimos los últimos días
en relación al tema Repsol-YPF. Tras una semana tratando de asimilar la
importancia de la dichosa expropiación, parece que no acabamos de pillar la
idea precisa, porque sigue sin importarnos ni un bledo, por más que lo
intentemos desde distintas perspectivas o por mucho que lo solemnicemos o por
muchas banderas que colguemos del balcón. Y esta incapacidad nuestra para
comprender un asunto tan relevante está afectando a nuestra autoestima,
provocándonos el desasosiego propio de quien se siente tan estúpido como
ignorante. Porque un asunto crucial para España y para Todos Los Españoles De
Bien tiene que ser éste cuando, en la rueda de prensa donde se anunció algo tan
gordo como “ejem, se estudiarán las medidas a tomar contra Argentina”, allí
procedía la presencia de dos ministros y medio. Si comparamos el despliegue de
micrófonos y corbatas con la frugalidad con la que dan a conocer que con nuestros
impuestos no pagarán los medicamentos de nuestros padres ni las carreras
universitarias de nuestros hijos, esto es, en prensa extranjera, modificaciones
a presupuestos aprobados el día anterior, decretos ley los viernes a última
hora o asépticas notas informativas, los monos concluimos que tales asuntos,
que a priori considerábamos vitales para el buen funcionamiento de la sociedad
del bienestar, son caprichosas niñerías al lado de lo de Repsol. Dejemos, pues,
de patalear y empecemos a comportarnos como buenos niños españoles mientras los
adultos sirven coñac y comentan entre ellos los asuntos que de verdad importan.
Sólo esperamos que, dentro de unos cuantos años, alguien nos haga comprender
que todo fue por nuestro propio bien.
[columna publicada el 25/04/2012 en el diario Levante]
5 comentarios:
aquí en el espacio exterior tampoco lo entendemos mucho, pero estamos seguros de que será por nuestro bien, para que tengamos gasolina y eso
eso es, lo que pasa es que protestamos por protestar y así no hay quien gobierne esto
Desde el miércoles pasado hay un nuevo astro en el espacio que tiene forma de balón de fútbol y que despegó desde el punto de penalti del fondo sur del Bernabeu ¿Los cósmicos lo habéis visto?
tú lo que eres es un pseudomadridista
El señor Chufi parece que también es de beber coñac
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