lunes, 2 de enero de 2012

FOREVER YOUNG

Para concluir el año 2011 de Nuestro Señor, y a causa de una aplastante aclamación popular que ya empezaba a abarrotar el buzón marino de los monos, regresamos con nuestro serial de Las Bandas Más Molonas de los Años Ochenta. Hubo una banda alemana de snyth-pop llamada Alphaville, a la que tal vez ustedes no recuerden aunque seguro que conocen alguno de sus temas, como aquella maravilla bailonga titulada Big in Japan. Pero hoy nos referiremos a otro de sus himnos, Forever Young, una suerte de poesía melancólica que habla del paso del tiempo y del hedonismo de la carne y del síndrome de Peter Pan (Bob Dylan también tiene una canción llamada Forever Young pero los monos, faltaría más, no hablamos de cantautores).

Y es que en estas fechas percibimos nítidamente el paso del tiempo, las arrugas surcan nuestros rostros y los de nuestros familiares, el acné aparece en las mejillas de esos que gateaban hasta hace cuatro días, los polvorones nos ocultan el cinturón y tanto el alcohol como las substancias espirituosas no es que nos sienten mal, que ya, sino que nos hacen estar “graciosos”, que es aún peor. Son fechas en las que todos deseamos ser por siempre jóvenes, incluso nuestro adorado y honorable expresidente Francisco Camps, a quien le gustaba “adquirir” sus ropajes (los monos queremos señalar aquí lo desesperantemente complejo que resulta encontrar la palabra adecuada para definir el modo en que esos trajes pasaban a ser suyos) en una tienda llamada Forever Young. Porque él también quisiera regresar a tiempos pasados, tiempos en los que el dinero público chorreaba y a los valencianos, con ese mesenfotisme tan nuestro, nos daba igual, aunque eso repercutiese en menos medicinas para nosotros, menos atención para nuestros mayores o menos escuelas para nuestros hijos, qué más daba, los otros robaban más y la culpa era siempre de MadriZ.

Lo verdaderamente curioso, nos dice una mona muy despierta, es que ahora nos escandalizamos al ver las apocalípticas barbas del vecino remojar, nos tememos lo peor y tratamos de rascar euros recortando en sanidad y en educación cuando en la época de vacas gordas nadie se acordó de los hospitales ni de las escuelas. A ninguno de nuestros faraones se le ocurrió invertir en educación ni en sanidad la mitad de la mitad de lo que “invirtieron” (otra palabra ciertamente difícil de localizar) en cosas tan urgentemente necesarias como el golf, la formula 1, la Copa América, los parques temáticos o el Aeropuerto de los Conejos. Tal vez por eso Francisco Camps frecuentase la tienda Forever Young, además de para sentirse por siempre joven con sus trajes a medida, para sentirse invadido por una reconfortante nostalgia de un pasado hermoso y quizá irrepetible, de un pasado en el que sobraba el oro para monos y faraones y éstos se comportaron como papanoeles borrachos con el saco lleno de billetes ajenos. Hay que verlo así, como una llamada melancólica de este hombre atormentado e inclementemente bronceado. Pero, por más que lo cantemos, es sólo una canción.


[columna publicada en el diario Levante el 28/12/2011]





1 comentario:

Asesino Cosmico dijo...

el señor camps SERÁ joven para siempre, eso ya lo tiene ganado