miércoles, 20 de julio de 2011

W.A.S.P.

Nos despedimos los monos hasta el nuevo curso con otra entrega de nuestro clásico Bandas Legendarias de la Década de los Ochenta. Hoy nos centraremos en los angelinos W.A.S.P., entrañable banda surgida en la escena glam de la costa oeste norteamericana por esa época. Liderados por el ex New York Dolls Blackie Lawless, W.A.S.P. destacó inicialmente por su escenografía en los conciertos: desde sacrificar gallinas en directo y beber su sangre a sodomizar muñecas hinchables con el rostro grapado de Tipper Gore, esposa del por entonces senador Al Gore y co-fundadora del PMRC, comité norteamericano que hoy en día sería impensable pero que entonces fue muy real cuyo único objetivo, y esto va en serio, era hallar mensajes satánicos en canciones rock. El nombre de la banda, no en vano, era ya una provocación hacia este comité, pues coincidía con el acrónimo de White Anglo-Saxon and Protestant, etnia dominante en USA, aunque los miembros de W.A.S.P. aseguraban sarcásticamente que el suyo significaba We Are Sexual Perverts o We Are Satanic People o incluso un lacónico We Ain’t Sure, Pal. Triunfaron con álbumes como The Last Command o Inside the Electric Circus hasta que en los noventa se tomaron demasiado en serio a sí mismos. Hoy en día, el bueno de Blackie aún mantiene viva su banda y publica regularmente álbumes olvidables con un par de singles decentes. Lo cual nos merece el máximo de los respetos.

Pero en otro orden de cosas, pertenecer a la tribu wasp, sociológicamente hablando, ya no es exclusivo de los ultra-conservadores protestantes americanos, pues ser wasp es un compromiso al alcance de todos. No es ni bueno ni malo, es más bien una forma de tomarse la vida. Una forma muy estricta. Y es que ya no vale con llevar los palos de golf en el maletero del coche y lucir camisas de tonos pastel. Ya no vale con estar en contra del aborto y defender el copago sanitario. Ni con ser del Opus. No, nada de eso es suficiente. Porque ser wasp es también una cuestión de actitud. Es, sobre todas las cosas, estar orgulloso de serlo, que es lo que marca la diferencia entre la derecha tradicional y estas nuevas y pujantes generaciones. Es la diferencia entre el conservadurismo castizo de Bush, Aznar, Reagan o Fraga y esa constante e inconsciente alegría, entre infantil y psicótica, de Sarah Palin o de nuestra Esperanza Aguirre. Así pues, al equivalente patrio, asumiendo por completo el ideario neocon de los wasps norteamericanos, podríamos bautizarlo, por ejemplo, como W.E.C.A.R (White European Catholic-Apostholic and Roman). E igual que en USA el fenómeno wasp ha resucitado gracias al movimiento Tea Party, para un hipotético movimiento similar en España (que no te extrañe), pongámosle por ejemplo el Dominó Party o el Lionesas Party, a los monos se nos ocurren algunos destacados líderes en María Dolores de Cospedal, Esteban González Pons y ese verdadero genio a la hora de anudarse suéteres al cuello que es Ricardo Cosssta. Mariano Rajoy, sin embargo, pertenece a la vieja escuela, y es esta una cuestión interesante (dentro de lo interesante que pueda ser cualquier asunto relacionado con Rajoy): verlo lidiar con estos toros, jóvenes y con trapío, en un supuesto gobierno Popular. En tal caso, ¿cuántos más wecars emergerían a la superficie?, ¿cuántos wecars ocuparían cargos de relevancia? y, lo más importante, ¿cuánto poder tienen en realidad? Asusta pensar que quizá salgamos pronto de dudas. De momento, pasen buen verano y anden por la sombra.


[columna publicada en el diario Levante el 20/07/2011]

3 comentarios:

Asesino Cosmico dijo...

Yo creo que a Marianico la Cospedal se lo merienda en un tris trás. Otra cosa ya sería Camps, más poder, más trapío, más honorable.

Dédalo dijo...

Camps el millor!

Asesino Cosmico dijo...

Viva Fabra!!, man que sea en sucedáneo