miércoles, 11 de mayo de 2011

EL VACÍO

En 1952, el artista de vanguardia John Cage compuso la obra musical 4′33”. Es una pieza que puede ser interpretada por cualquier instrumento. En la partitura de cada intérprete sólo viene la palabra tacet, que significa que debe guardar silencio y no tocar su instrumento durante cuatro minutos y treinta y tres segundos. Aunque gente burda como los monos marinos podamos llegar a pensar en primera instancia que se trata de otra chorrada experimental, cuatro minutos y treinta y tres segundos de silencio, lo cierto es que el material sonoro de la obra lo componen los ruidos que escucha el espectador durante ese tiempo. Cage contaba que de joven entró en una cámara sorda en la Universidad de Harvard y allí dentro percibió un sonido agudo y otro grave, el agudo era su propio sistema nervioso y el grave su sistema circulatorio. Y este Cage, hombre de preguntas, se frotó el mentón y se dijo: ¿existe el silencio si es algo que nunca podremos percibir en su totalidad?, ¿qué es sonido y qué es ruido? Después se cuestionó toda la música escrita por el hombre hasta la fecha y se desprendió de ella. Y empaquetó el vacío. De hecho, con el paso del tiempo, 4′33″ se ha convertido en su obra más famosa.

Y resulta decepcionante que casi sesenta años después el populacho siga sin aprender. Nuestros mecenas, nuestros incomprendidos educadores artísticos, esos hombres que se preocupan de nosotros como si fuésemos sus hijos tontos, inauguran un aeropuerto en Cabanes. Inauguran un aeropuerto sin aviones ni vuelos, sin ni siquiera pilotos ni azafatas ni tampoco esos operarios tan graciosos que mueven las banderitas para dirigir el aterrizaje. Porque el propósito ulterior de este aeropuerto es que deliberemos interiormente y crezcamos como personas y comprendamos mejor el mundo y así seamos más felices de lo que ya somos si es que eso es posible. Están implantando la obra de Cage en su política. Es pues, política experimental. Pero nada, nosotros ni caso. Nos han ofrecido semejante paisaje poéticamente desértico, esta terminal flamantemente vacía, para incitarnos a reflexionar, para que nos acerquemos allí y suframos el síndrome de Stendhal y nos preguntemos ¿qué es un avión? ¿Existen los aviones sin aeropuertos? ¿Qué significa volar? ¿Existe un aeropuerto si es algo que nunca podremos percibir en su totalidad? Nuestros gobernantes son artistas adelantados a su época. Es la Política del Vacío. El tiempo entre otros muchos jueces, los juzgará a ellos y a nosotros nos llamarán burros y pueblerinos por no enterarnos de las vanguardias y seguir a lo nuestro, a criticar y criticar, es que no tenemos remedio… Por si fuera poco, en Villarreal se inaugura una biblioteca sin libros, otro proyecto sin parangón también perteneciente a esta ultramoderna tendencia del vaciado de espacios públicos, para que contemplemos la belleza de esas estanterías vacías y valoremos la ausencia de la letra escrita. Para que nos hurguemos la nariz mientras nos preguntamos ¿Qué es un libro? ¿Un libro con las hojas en blanco es un libro igualmente? ¿Y una biblioteca, qué es una biblioteca? ¿A qué huele una biblioteca vacía?



[columna publicada en el diario Levante el 11/05/2011]


1 comentario:

Asesino Cosmico dijo...

Yo estoy de acuerdo (en esto) con Adolfo: Ese Cage es un caradura!!!