Últimamente a las cadenas generalistas españolas les está dando por emitir series con ambientación histórica. Debe de ser un reflejo televisivo del descorazonador éxito que disfruta la novela histórica. Y los días en los que o bien no hay fútbol o bien no nos hemos descargado el último capítulo de nuestra serie favorita (recomendación: Sons of Anarchy, brutal revisión del Hamlet shakesperiano protagonizada por motoristas forajidos), esas noches átonas los monos zapeamos en busca de nuestra identidad, de nuestro pasado. Del pasado de nuestro país, queremos decir. Entonces vemos que La1 emite Aguila Roja, una mezcla entre Los tres mosqueteros de Dumas y cualquier serie B de ninjas ambientada en algo así como la España de Alatriste, con intrigas palaciegas y todos esos rollos de época. Las interpretaciones y las tramas son estremecedoras en el peor sentido de la palabra. Después tenemos la que es la joya de la corona televisiva en estos momentos, Tierra de Lobos, de la inefable Telecinco. Es básicamente una del oeste ambientada en España y aliñada con ciertos toques de Curro Jiménez y actitud gavilanesca. Como Sin Tetas no hay Paraíso pero con pistoleros, bandoleros y sombreros de ala. No sabemos cuándo ni en qué parte de España sucede ese Oeste, si en el Oeste geográfico, en Extremadura o Portugal, o es que había una especie de Oeste que no era una zona sino un estado de ánimo y entonces podía emplazarse en cualquier sitio y a cualquier hora. Y finalmente está Hispania, de Antena3, un péplum en el que retrocedemos a la dominación romana de gran parte de la península ibérica. Una de romanos de toda la vida, vamos. Quizá sea la más coherente y seria de las tres, aunque no dudamos de que tal y como irá avanzando, y si quiere mantenerse en la parrilla, esos romanos deberán elevar su tono macarrónico y ellas mostrar un poco más de escote.
Viene a cuento este despropósito porque nos sirve para damos cuenta de que La Guerra Civil, ese Ente Abstracto y Todopoderoso Cuyos Tentáculos Todo lo Abarcan, además de ejercer como eje de coordenadas, como juez y como imán de cualquier recuerdo histórico, además de haber reseteado el calendario de este país, parece que, de tanto aludirla y recordarla, esa Guerra ha llegado a borrar o al menos a difuminar la memoria anterior a Ella. Y es por eso que, para fabular con la memoria propia, se tiene que echar mano de las memorias ajenas, ya sean los mosqueteros franceses, el oeste norteamericano o el universal imperio romano. Se ha perdido el contacto con nuestro genuino pasado y alguien debería hacer algo al respecto. ¿Para cuando un Doctor Mateo trabajando para la Sagrada Inquisición o un Cuéntame con la familia Alcántara en plena dominación árabe o un Física y Química localizado en las carabelas de Colón camino de aniquilar (y lo que no es aniquilar, dependerá de la audiencia) a esos indígenas tan apuestos?
¿Y Castellón? Eso sí lo sabemos: Castellón ha sido siempre así, desde hace siglos. Exactamente igual. Increíble pero cierto. Se ha ido removiendo el agua pero los dueños del estanque no han variado.
[columna publicada en el diario Levante el 24/11/2010]