Fabulosos Monos Marinos
El diario espirituoso de los Monos Marinos
miércoles, 23 de mayo de 2012
MARIANO HA QUEDADO
miércoles, 16 de mayo de 2012
DIOS DE ROMERIA
[columna publicada en el diario Levante el 16/05/2012]
miércoles, 9 de mayo de 2012
EN PROGRESO
[columna publicada el 08/05/2012 en el diario Levante]
miércoles, 2 de mayo de 2012
DOBLES CUÁNTICOS
miércoles, 25 de abril de 2012
ASUNTOS DE MAYORES
miércoles, 18 de abril de 2012
FRENESÍ
A finales del siglo pasado los monos nos enganchamos una temporada al videojuego de rol Vampire: The Masquerade, donde te unías un clan vampírico a elegir para correrte unas aventurillas por el Mundo de las Tinieblas. Encarnar uno de aquellos vampiros, además de proporcionarte innegables ventajas como inmortalidad, sex appeal o un tremendo poderío físico, conllevaba ciertos inconvenientes como dormir en un ataúd o no poder tomar el sol. Otro de los temas a considerar por los vampiros era controlar el frenesí, una especie de estallido emocional que solía desembocar en una espiral de violencia primitiva y colérica. Este problema solía tener su origen en la ira, la frustración, la tentación o la sed (de sangre)… y por ello los vampiros debían ser muy disciplinados para no verse envueltos en situaciones que les provocasen el citado frenesí y les llevasen a cometer actos que desvelasen su verdadera naturaleza a los humanos, algo que, al parecer, ningún vampiro desea. De lo contrario, si sucumbían, el descontrol dominaba su sangre y empezaban a hacer cosas como degollar doncellas vírgenes, beber sangre de perro, colarse en pubs de música gótica o enrollarse con hombres lobo.
Viene esto a colación por los últimos sucesos protagonizados por miembros de la Familia Real, pues cabría preguntarse, en base a su extraño comportamiento, si a esa sangre no le pasará nada raro, si ese líquido azul no estará hirviendo por las arterias Reales y modificando su conducta. Cabría preguntarse si esas inexplicables manifestaciones violentas, de toda clase imaginable, balística, fiscal o social, no son únicamente desvaríos de aristócratas ociosos sino que son el síntoma de un frenesí que los posee y les impele a cometer, a su pesar, tales atrocidades. Comprendemos que el tema genere tanta indignación como cachondeo, y quizá sea merecido, pero quizá, también, se esté cociendo algo terrible mientras nos quejamos o frivolizamos. Al fin y al cabo, su linaje sanguíneo se escindió de la plebe allá por la Edad Media por lo que casi pueden ser considerados un clan o una raza aparte, una raza que podemos suponer similar a la nuestra pero de la que poco o nada sabemos. Pisamos, científicamente hablando, terreno inexplorado y las consecuencias son impredecibles. Nadie quisiera ver, y en esto sí que estaremos todos de acuerdo, como esta gente sucumbe definitivamente al frenesí y empieza a autolesionarse o a dispararse entre ellos o a deambular dándose cabezazos contra las paredes o metiendo los dedos en cada enchufe de la Zarzuela. Por eso debería investigarse el asunto. Controlarse. Hacer tests de laboratorio con ratones endogámicos. Y hallar un remedio. Conste en acta que este texto no pretende ser irónico ni metafórico ni republicano, nada de eso, hay una sincera preocupación por la salud del sistema circulatorio borbónico. Hablamos de una raza que tenía sentido en un mundo donde disparar armas o blandir espadas era mucho más normal que hoy. Tal vez a la estirpe, una vez concluida su misión y agotado su discurso, no le quede más remedio que autodestruirse como hizo el T-800 en la emotiva escena final de Terminator 2: Judgement Day, cuando le pide a Sarah que lo introduzca en la cuba de fundición porque su existencia ya no es necesaria. Un acto, pues, que no puede denominarse sino como heroico.
[columna publicada el 17/04/2012 en el diario Levante]
miércoles, 11 de abril de 2012
LO PEOR DE LOS ÚLTIMOS CUATRO AÑOS
Lo peor de los últimos cuatro años, desde que se declaró oficialmente la crisis, no ha sido, a pesar de su importancia, la falta de liquidez bancaria que repercute en la disminución crediticia y el consiguiente estancamiento mercantil. Lo peor de los últimos cuatro años no ha sido, tampoco y sin minusvalorar su relevancia, la escasa actividad económica que disminuye los beneficios empresariales y por consiguiente la cantidad y, más aún, la calidad de la oferta laboral. Lo peor de los últimos cuatro años no ha sido, o al menos no tan sólo, los recortes sociales a los que nos someten los alemanes, esos locos empeñados en arruinar Europa por tercera vez en un siglo. Lo peor de los últimos cuatro años, a pesar de constituirse como una experiencia francamente nefanda, tampoco ha sido comprobar el calibre de la incompetencia que pueden alcanzar nuestros mandatarios, una ineptitud de otro mundo. Lo peor de los últimos cuatro años no ha sido, y mira que es gordo, el despilfarro y el mamoneo a la que se ha seguido viendo sometida la caja pública, con aeropuertos fantasma y trenes bala a cuenta de la sanidad y la educación, en una muestra de desfachatez que desafía las leyes evolutivas de Darwin. Nones. Lo peor de los últimos cuatro años, ahora sí, el Mal que más honda huella dejará, tal vez una indeleble modificación estructural en nuestra masa encefálica que ahí permanezca y se propague genéticamente hasta el último de los días, lo peor de todo, decíamos, ha sido que, sin comerlo ni beberlo ni merecerlo, hemos incorporado no ya sólo a nuestro vocabulario sino a nuestras charlas informales e incluso a nuestros monólogos interiores sentados en el wáter, conceptos como “prima de riesgo” o “deuda externa” o “rescate económico”. Que sepamos qué es, para qué sirve en teoría y qué hace en la práctica una “agencia de calificación”. Que nos haya llegado a interesar cómo abre el “índice bursátil” sin tener acciones de bolsa. No queremos decir los monos que sean conceptos inútiles o innecesarios, no en términos absolutos, aunque sí son inútiles, innecesarios y muy molestos para quien se ha cuidado de alejarse de ellos como de la peste durante toda una vida y, de repente, ha visto inundada ésta de semejante jerga siniestra. Y es la única vida de la que dispone. Lo peor de los últimos cuatro años es que la crisis pasará, el paro descenderá y, esperemos, nuestros mandatarios dejarán algún día de ser dementes o corruptos o ambas cosas a la vez, todo tiene solución, pero tales conceptos macroeconómicos que nunca deberían rondar por la cabeza de un hombre honrado, jamás se irán. Deberemos acostumbrarnos a ese residuo que ocupa un latente circuito neural de nuestro cerebro, neuronas que en un mundo mejor o menos doloroso podrían recordar un bello poema para conquistar a nuestro amor platónico o el título de esa película que nos preguntaron ayer en el Trivial y por el cual perdimos el quesito. Palabrotas que quizá sigamos recordando de ancianos y, lo que es peor, comprendiendo, sentados en una chirriante mecedora en lugar de recordar a los nietos y comprender el sentido de la vida pasada. Y es esto, la aberrante violación a la que ha sido sometido nuestro sistema de referencias vitales, introduciendo en él campos semánticos a los que nunca quisimos acercarnos, ha sido, para los monos, lo peor de los últimos cuatro años.
[columna publicada en el diario Levante el 11/04/2012]